Francia – Resumen del juicio contra Claudio Lavazza en París en relación al robo al Banco Nacional de Sant-Nazaire en 1986

Recibimos en el correo electrónico de les compas de Insuscettibile di Ravvedimento, traducimos a castellano y difundimos a continuación una crónica de los 4 días que duró el juicio contra el compañero anarquista Claudio Lavazza en Francia, que tras más de un año desde que Claudio fue trasladado a Francia, tuvo lugar en París entre los días 4 y 8 de noviembre, resultando con una nueva condena de 10 años contra el compañero tras ser declarado culpable (pese a la escasa evidencia y las abundantes contradicciones de los testigos presentados por la acusación) por un robo a un banco ocurrido en Saint-Nazaire el 5 de julio de 1986. Recordemos que Claudio estaba cumpliendo condena en el estado español (la cual todavía no ha completado) por el atraco de Córdoba, la muerte de dos policías y otros cargos.

Fuerza y solidaridad con Claudio y con todes aquelles que asumen las consecuencias de asaltar los tesoros ensangrentados del Capital para reapropiarse de sus vidas.
¡Porque atracar un banco no es robar, es recuperar lo robado!

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Claudio Lavazza, rebelde, anarquista, ladrón de bancos y caballero, que durante la década de los ‘70 en Italia participó en la lucha contra el Estado y el Capital con las armas en la mano. Al contrario de quienes hundieron la subversión de aquellos años, él nunca intercambió el deseo de derrocarlo todo por una carrera política. Ni se resignó ni buscó refugio en otros Estados, lo que podría haberle concedido una libertad controlada. No, él siguió luchando, contra viento y marea.

Tras 16 años en fuga, sin renunciar nunca a su coherencia anarquista ni a la alegría de vivir como un hombre libre, en 1996 es arrestado tras un atraco a un banco en Córdoba, España, durante el cual 3 compañeros, incluyendo a Claudio, resultarían gravemente heridos y dos mujeres policías perderían sus vidas. Claudio fue por tanto encerrado en el régimen especial FIES, e incluso en este mortífero luchar continuaría su batalla con firmeza y perseverancia.

Tras pasar 22 años en las mazmorras españolas, en el verano de 2018 es extraditado – como un préstamo, ya que su sentencia en España aun no está completa – hacia Francia, para afrontar otro juicio por un atraco a un banco a expensas del Banco Nacional de Saint-Nazaire, que tuvo lugar en 1986. Por este robo, él ya fue sentencia, in absentia, a 30 años de prisión.

Si ir a coger el dinero a donde abunda es siempre una posibilidad, como rechazo al chantaje del trabajo y la explotación, con el fin de tomar los medios necesarios para llevar a cabo la lucha contra el Estado, en Saint-Nazaire en aquellos años los ladrones de cuerda floja no solo tocaron alguna caja fuerte. ¡Expropiaron la bóveda del Estado! Aligerando un peso de casi 26 millones de euros en los bolsillos de aquellos que engrasan los engranajes del poder.

A través de incontables sonrisas y esfuerzos, Claudio abrió su camino, incluso cuando se enfrentaba con las condiciones más adversas, cuando aun estaba todo por construir e imaginar. Como un anarquista, su pasión es la libertad; su enemigo el poder. Y no hay tiempo que perder cuando uno está armado con su conciencia: depende de cada une de nosotres forjar nuestro propio camino, y socavar, dañar, expropiar y destruir todo lo que pertenece al poder, sus estructuras y sus hombres.

Lo que sigue es un breve sumario de los 5 días de juicio que tuvieron lugar en el Palais de Justice de París entre el 4 y el 8 de noviembre de 2019. En cada sesión, aquelles presentes en solidaridad con Claudio fueron cacheades, se les hizo pasar por un detector de metales y fueron identificades. En la zona circundante del tribunal, a los maderos franceses que hablaban italiano les faltó tiempo para seguir a gente y pararles para comprobar sus documentos.

Claudio parece tener un buen espíritu, sonriente y entusiasmado de vernos. La forma de la sala del tribunal hizo posible asistir a esta farsa a solo unos pocos metros de él. A pesar de que la intrusiva presnecia de la policía era implacable, conseguimos intercambiar con él algunas sonrisas, saludos y afectos recíprocos.

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Lunes, 4 de noviembre

Mañana:

Primero, se compone el tribunal: Se sortean 6 jurados (entre 28 que habían sido convocados), que se suman a los 3 jueces. Entre los 9 miembros del tribunal se alcanzará un veredicto con una mayoría de dos tercios. Además de la fiscal público, otros dos abogados representan la acción civil que es incluida en el juicio. Uno representa al Banco de Francia, mientras que el otro a la familia de un empleado del banco que fue herido accidentalmente durante el atraco por un disparo en su pierna.

Se leen los cargos completos contra Claudio: Se le acusa de robo a mano armada y toma de rehenes (durante el robo). Se confirman las convocatorias a todes les testigos – muchos de los cuales no aparecieron.

En este punto el juez que preside la sala, con una voz espantosa y desgarradora y con su figura apática más triste que el gris y frío cielo de París, consigue poner a dormir a la mitad de la sala, aunque repase las fases del robo a un banco más importante de la historia francesa desde la postguerra. Da un vistazo general al archivo, las diferentes fases de la investigación y los resultados judiciales del robo contra el Banco de Francia de Sant-Nazaire, que tuvo lugar el 5 de julio de 1986.

Tarde:

Diferentes testigos desfilarán por la sala del tribunal, empleados del banco en el momento del robo. Todos tienen recuerdos vagos, todos mencionan que los atracadores les obligaron a llevar las bolsas llenas de dinero desde la bóveda a los coches aparcados fuera (dos coches y un furgón, “desbordándolos de dinero”). Ninguno hizo ningún cambio respecto a las declaraciones que habían hecho 33 años antes. En aquellos días el banco estaba bajo construcción, había pocas cámaras instaladas, y al parecer el nuevo sistema de CCTV iba a ser instalado unos días más tarde…

La fiscal pide añadir al archivo algunos extractos del libro “Ma peste de vie”, la autobiografía de Claudio [Nota de Traducción de La Rebelión de las Palabras: En castellano, el libro fue publicado hace ya varios años bajo el título “Autobiografía de un irreductible”; de muy recomendada lectura, no hemos encontrado en PDF la edición original que se sacó aquí en el estado español, así que os dejamos con la edición que publicaron les compañeres de Ediciones Crimental desde Chile, y que podéis leer online o descargar haciendo click aquí], recientemente publicada en francés para este juicio. De hecho, el libro entero sería incluido en el archivo, al día siguiente una fotocopia del libro estaría presente en todos los escritorios del tribunal.

Al final de este primer día, los hijos del empleado herido subirán a la tribuna de testigos. Uno es policía, mientras que los otros trabajan en el Banco de Francia. Además, ellos fueron testigos del robo mientras eran niños, porque el cajero (su padre) y su familia eran una suerte de “guardianes” permanentes del banco.

(El 15 de julio de 1986, el empleado herido recibió, mientras aun estaba en el hospital, un paquete con dos videocasetes, Love on a Pillow y Raiders of the Lost Arc, algunos cigarros y perfume Chanel n.5 para su esposa. Una nota decía: «una vez más, nuestras sinceras disculpas de esta noche agotadora”).

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Martes, 5 de noviembre

Mañana

La mañana empieza con la declaración de la psicóloga que trabaja para la prisión francés de Fleury-Mérogis, donde Claudio ha estado detenido desde hace más de un año. Explica su evaluación psicológica, y en vano es presionada por la fiscalía y los abogados del banco para intentar que esté de acuerdo con su tesis del supuesto carácter “violento” de Claudio, refiriéndose a hechos específicos del pasado. Ella describe a Claudio como una persona resuelta, sólida, amable y que no presenta un comportamiento desviado.

El juez pediría luego a Claudio que hablase de su vida, desde el principio de su infancia. Claudio invita al tribunal a leer su libro, declarando que él lo escribió para explicar su camino de lucha como anarquista y como un documento histórico sobre un momento revolucionario. Él rápidamente rememora su vida, desde la infancia hasta que se convirtió en un anarquista. El juez insistirá en más de una ocasión en que explique sus condenas italiana (pertenencia a un grupo armado, asociación subversiva, ayuda para una fuga de la prisión, posesión ilegal de armas, robo, asesinato de dos policías, etc.) y española (atraco a un banco en Córdoba, en el que murieron dos policías, además de otros seis robos, con una sentencia de 25 años).

La fiscal público se toma entonces un momento para leer en voz alta un pasaje de la autobiografía, que obviamente ella considera como el más escandaloso: “Realicé casi todos los sueños que tenía, comparaba a menudo mi existencia, con la falta de libertad del obrero que me habría tocado vivir, si me hubiera quedado en el pueblo. Seguramente ahora al igual que mis antiguos amigos del colegio, estaría casado y con hijos, con la obligación de trabajar diez horas al día para mantener a la familia. Cansado por la noche después del trabajo estaría mirando la caja tonta, cómodamente sentado con pantuflas en los pies, luego me iría a la cama muerto de sueño y hecho polvo… sin ganas de hacer el amor con mi mujer, que entretanto con el paso del tiempo, al igual que yo, estaría cada vez más gorda. Está era la realidad que tenían por delante los amigos que habían elegido la paz social del Sistema. Probablemente no estaría ahora metido en una cárcel… Pero aunque fuera posible volver atrás, no cambiaría ni un milímetro el rumbo que había elegido. Esos amigos ni aún viviendo mil años habrían podido realizar todos los sueños que yo realicé. Atados como estaban a sus obligaciones, endeudados de por vida por el piso, el coche, la tele nueva… ellos, los pobres resignados a vivir como esclavos, vivirían el resto de sus vidas clavados en el pueblo, hasta que el patrón les diera trabajo y si un día el caprichoso mundo empresarial decidiera lo contrario, se verían en la obligación de trabajar sin contrato o ir al paro, terminando, quizá, pegándose un tiro por no aguantar más el estrés provocado por la clase de vida que habían elegido.

¿Qué habría sido de mi si hubiera elegido vivir como ellos? ¿Qué habría sido de mi si la luz de la lucha no me hubiera aclarado el camino?”

Ella presenta este pasaje como una evidencia férrea de que Claudio no está listo para ser liberado de prisión. Dado que en España, tras una eventual liberación, él había acordado trabajar para una asociación que enseña jiu-jitsu a adolescentes y mujeres, la fiscal está horrorizada por esta perspectiva. Afirma que él no es la persona correcta para ayudar a los “débiles”, debido a su naturaleza violenta.

El abogado de la acusación civil lo llevará aún más lejos, leyendo en su totalidad un pasaje de la autobiografía que relata un episodio durante el tiempo en Francia cuando Claudio practicó artes marciales y, durante una sesión de combate, «rompió las reglas», hiriendo a su oponente y costándole la expulsión del gimnasio. Estos son los niveles de descrédito personal que enfrentará Claudio durante todo el juicio.

El abogado de la defensa también citará algunas partes de la autobiografía, para mostrar el uso selectivo de estas citas.

Luego, se toma mucho tiempo para examinar los asuntos judiciales de Claudio en Italia (recibió una sentencia de cadena perpetua en un juicio al que no asistió, basado únicamente en la declaración de un chivato). Claudio admite haber participado en la fuga de la prisión en Frosinone de Cesare Battisti. Define liberar a alguien de las mazmorras del Estado como un acto «humanitario». El juez luego habla sobre su situación en España, específicamente en lo que respecta a su posible extradición.

Tarde:

Se proporcionan informes de dos exámenes psiquiátricos. Ambos confirman la ausencia de cualquier patología psiquiátrica, subrayando la fuerte solidaridad de su personalidad. El primero, comparado por el juez con una evaluación psiquiátrica hecha en España, que le definió como una persona violenta e impulsiva, refuta este diagnóstico, distinguiendo entre la violencia como una actitud individual y como una elección ejercida en el contexto de una acción, categorizando a Claudio en esta última. El segundo psiquiatra habla sobre la relación de Claudio con sus ideas anarquistas como la justificación de sus acciones. Es a menudo el caso en las salas de los tribunales y en los despachos de los criminólogos – los especialistas al servicio del poder – que vemos sus cerebros enjaulados intentar trazar y enmarcar la “psicología de un anarquista”.

Luego, viene el momento de un desfile de agentes de policía que suben a la tribuna de testigos. Participaron y construyeron sus carreras investigando los tiempos del “gran bandidaje”, muchos de los cuales personalmente estuvieron involucrados en la investigación de este caso.

Bernard Mondo, director de la OCRB (Oficina Centrla para la Represión del Bandidaje) se pasa 3 horas hablando sobre los lazos entre la extrema izquierda italiana y el gran bandidaje en Francia. Explica que estos lazos eran raros, pero que ocurrieron.

Otros investigadores hablan sobre las redadas que hicieron durante la investigación, mientras que otros dicen no recordar nada.

El contable del Banco de Francia habla sobre la organización del banco, explicando que ciertos billetes fueron marcados y registrados, y que por lo tanto pueden ser rastreados.

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Miércoles 6 de noviembre

Mañana:

Sube a la tribuna de testigos una mujer que solía trabajar en una empresa de embalaje con Claudio en Francia durante los años del robo. Ella lo conocía como «Ángel». Ella tuvo una relación con una persona que algún tiempo después del robo se fue. La mayoría de las preguntas giran en torno a esta persona y su relación.

El segundo testigo del día es un hombre que fue arrestado en España en el ‘88 con dinero que procedía del robo. Durante el interrogatorio tras su arresto, él declaró que el dinero se lo había dado un tal Ben, que, en aquel momento, él identificó en una fotografía que le fue mostrada por la policía. Después, la policía emparejó la foto de Ben con el nombre de Claudio Lavazza. Mientras estaba en la tribuna, dice que no reconoce a nadie, que no recuerda nada, excepto que este hombre (Ben) tenía un acento francés-belga y no uno italiano. El abogado de la defensa le pregunta si puede explicar las condiciones bajo las que hizo esas declaraciones, insinuando que podría haber sido manipulado por la policía para identificar al hombre en aquella foto. Él apunta también que tras haber colaborado con la policía, todos sus cargos cayeron (tenencia de dinero robado y lavado de dinero).

Luego, otro oficial de policía tomará el puesto, probablemente en aquel momento colaborando con los servicios secretos. Estaba a cargo de recopilar información de una lista de 300 nombres de revolucionaries italianes de izquierda que habían solicitado asilo político en Francia o que se consideraba que estaban en territorio francés. Habla sobre terrorismo político, da una visión general de la lucha armada en Europa y de los diferentes grupos. Explica que una vez al mes se reunía con el Ministro de Justicia francés y los investigadores italianos, para intercambiar información precisa sobre los italianos que habían participado en la lucha armada y que habían cruzado los Alpes gracias o a pesar de la doctrina Mitterand. Habla sobre cómo distinguieron, a través de diferentes códigos, a les revolucionaries italianes a quienes estaban dispuestes a extraditar y a aquelles que no podían ser arrestades.

Tarde:

La tarde comienza con un testigo clave, cuyas declaraciones son el único vínculo que podría vincular a Claudio con el robo. Es un ciudadano celoso, siempre dispuesto a ayudar a la policía. La noche antes del robo dice que estaba durmiendo en su automóvil en un aparcamiento. En cierto momento, ve a algunas personas sospechosas aparcar su coche y poner unas bolsas en otro automóvil, a unos 15 m de distancia. Dado este comportamiento tremendamente sospechoso, decide comenzar a seguirlos. Los sigue durante 10 km, luego se desanima por el hecho de que entran en un camino oscuro. Después de enterarse del robo a un banco, se presenta en la comisaría para describir a dos personas. Con el tiempo, sus declaraciones cambiarían. Sin embargo, después del arresto de Claudio en Suiza, la policía pondrá delante de él la foto de Claudio. A partir de entonces, comienza a declarar con certeza que el hombre que vio en el estacionamiento es el hombre de la foto. Este idiota también afirma que a lo largo de los años ha tenido muchos encuentros con la policía que no están registrados… Sin embargo, dado que es un «artista» y, por lo tanto, obviamente tiene una memoria fotográfica, los rostros permanecen particularmente impresos en su memoria (aunque tampoco recuerda el color o la marca del auto). En una declaración anterior, admite que la persona que identifica como Claudio solo la vio desde atrás y de lado. Años más tarde, y frente a la corte, dice que durante unos segundos también lo vio de frente… Este testimonio toma una dirección aún más descabellada cuando confirma de manera bastante decisiva y dramática que todavía está al 100% seguro, 33 años después de esos segundos rápidos, de que la persona que vio es sin duda alguna Claudio. La segunda persona que reconoció esa noche, y contra quien también testificó en un juicio por el mismo asunto, fue sentenciada por el robo.

El ex-compañero de la primer testigo del día aparece en el estrado de los testigos. Le pidieron que explicara algunos gastos importantes, como un viaje a Miami que tuvo en los años posteriores al robo y por qué se fue y no pudo ser encontrado. Se declara anarquista frente a la corte y se niega a responder la mayoría de las preguntas.

Al anochecer, el juez que presidía la sala lee en voz alta algunas declaraciones hechas por testigos a lo largo de los años, pero que no pudieron o no quisieron comparecer en el tribunal. Entre estas declaraciones está la del propietario de un restaurante en Puteaux, “La Tourre Blanche”, donde supuestamente se encontraron tras los hechos algunos de los ladrones del banco. En aquel momento, presentado con la foto de Claudio, dijo que podía ser que le hubiese visto antes, pero que no podía definir con exactitud el momento ni la ocasión o la compañía en la que se encontraba.

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Jueves 7 de noviembre

Mañana:

Claudio será cuestionado por el juez, la fiscal público y por los abogados de la acusación civil.

La fiscalía pasará la mayor parte de su tiempo intentando elaborar sobre el contexto y las consecuencias del arresto de Claudio en la frontera franco-suiza, cuando le fue encontrada una bolsa con dinero aparentemente procedente del robo. Como declara el propio Claudio, en aquel momento él trabajaba para algunos hombres de negocios para los cuales él depositaba en Suiza varias cantidades de dinero de diferentes tipos de moneda. Él atravesaría la frontera esquiando a través de las laderas. Durante uno de estos viajes fue parado por Aduanas junto con otro individuo (este segundo individuo es el mismo que fue sentenciado por el robo y que el “testigo del aparcamiento” identificó). La policía se queda el dinero, para verificar su origen, pero deja ir a Claudio y al otro. Su verificación condujo a los investigadores a estimar que del total de este contrabando de dinero, un 30% procedía del Banco de Francia en Saint-Nazaire.

Hay que anotar que este episodio y el testigo del parking son las únicas conexiones que vinculan a Claudio con el robo, ya que no hay ninguna otra evidencia o testigos que sitúen a Claudo dentro del banco en el día de la expropiación.

Con una línea de preguntas bastante directa y contundente, el juez parece extremadamente interesado en hacer las conexiones entre Claudio y ciertes individues del mundo criminal y político. Después de preguntarle si conocía a esta o aquella persona, y al ser respondido con un firme «no», Claudio simplemente afirma que es una pérdida de tiempo hacerle cualquier pregunta con respecto a alguien más que a sí mismo, porque de acuerdo con su ética, nunca hablará de nadie más.

Tarde:

La tarde dará espacio a las declaraciones finales de los abogados de la acusación y los abogados de las demandas civiles.

La fiscal pide 20 años. El día concluye con la declaración final del abogado defensor.

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Viernes 8 de noviembre

Mañana:

Claudio lee una declaración ante el tribunal. Afirma ser anarquista, explica que en los años en que comenzó su lucha, la amenaza de un golpe de Estado organizado por la CIA fue grande, y por lo tanto, se eligieron los medios adecuados para luchar contra esta amenaza. Vuelve sobre su camino como anarquista, un camino que nunca ha abandonado, fuera y dentro de la prisión. Le recuerda a la corte francesa que fue la intervención decisiva de les anarquistas lo que ayudó a liberar a París de los nazis en 1944. El juez lo interrumpe diciendo que no se trataba de un tribunal político y que solo le interesan las declaraciones sobre el caso en sí. (Una declaración conveniente para hacer, ya que todo este juicio se ha preocupado principalmente por difamar a una era revolucionaria y anarquista). A Claudio se le permite terminar su declaración.

Veredicto:

El tribunal se retira para deliberar y después de tres horas, ha llegado a un veredicto:

Claudio es declarado culpable, con base en la siguiente evidencia:

– La identificación de Claudio por el testigo del aparcamiento;
– El arresto en Suiza con el dinero del robo;
– Sus supuestos contactos con personas condenadas por el robo;
– La declaración del hombre se detuvo en España con dinero procedente del banco de Francia. El hecho de que en la corte en 2019 retiró su declaración no tiene peso.

El Banco de Francia solicita una indemnización de 12 millones de euros. Se estima que en ese momento, los ladrones salieron del banco con una suma que hoy equivaldría a 26 millones de euros.

La única razón por la que el tribunal pronuncia una sentencia menor a la solicitada por el fiscal público es la cantidad de tiempo transcurrido desde los hechos.

Claudio es sentenciado a 10 años de prisión.

Quienes abandonan a les prisioneres de la guerra social, inevitablemente abandonarán la lucha.
¡Claudio libre!
¡Libertad para todes!

Fotografía de prensa del coche de la policía local tiroteado por Claudio durante su huida del atraco de Córdoba, matando a sus dos ocupantes policías locales.

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